La riqueza léxica del idioma español
Saludos a tod@s. Tras haber encontrado de casualidad la palabra “ganapán” (hombre tosco), ha acudido a mi mente la ocurrencia de dedicar una merecida entrada a nuestro léxico. Nuestro lenguaje tiene una cantidad enorme de palabras; algunas realmente divertidas. Lamentablemente, estamos habituados a un uso excesívamente reducido de nuestro lenguaje español. Si ampliáramos nuestro vocabulario podríamos transmitírselo a las generaciones futuras. Sería lo ideal. Es muy triste que millones de españoles – me incluyo – solo conozcamos y utilicemos un 10% del total de nuestra lengua.
Aunque como he dicho, la responsabilidad principal es nuestra, y a través de la literatura, uno puede (y debe) enriquecer muchísimo su lenguaje, yo pienso que también hay más “culpables” que señalar. Para empezar, se debería educar desde primaria y secundaria, en la asignatura de Lengua y Literatura, con abundantes ejercicios de vocabulario. Porque desde mi experiencia, había mucha análisis morfológico, y sintáctico, pero no se hacía suficiente hincapié en aprender léxico inusual. Por otro lado, en televisión hay horas y horas dedicadas a las telebasura, al cotilleo…. ¿cuántos programas ponen para divulgar la riqueza del castellano? Que yo sepa ninguno; si acaso hace años el famoso concurso “Cifras y letras”, que combinaba conocimientos de matematicas y lenguaje. Insuficiente, y mas teniendo un canal supuestamente enfocado a la cultura como es la 2 de TVE.
Recordemos que la mayor parte del idioma castellano (de España) lo forman palabras de origen griego, latino y árabe. La ultima por la conquista musulmana de ocho siglos en Al-Andalus, lo que hoy se corresponde con Andalucía.
1. Jarrear: Cuando salimos a la calle y sentimos que nos cae agua directamente desde el cielo (algo para mi desgracia, demasiado infrecuente en mi ciudad) decimos que está lloviendo. Pero cuando queremos especificar que llueve con intensidad, con abundancia, podemos utilizar el término jarrear. También es correcta como acepcion de jarrear la acción de meter y sacar repetidamente una jarra en un sitio para extraer líquido.
2. Luctuoso: Procede del latín luctuosus que significa triste o afligido. He aquí un latinismo cuyo significado incomoda a muchas personas. Y es que luctuoso es un adjetivo que también se emplea para describir algo lúgubre, triste. Como un funeral por ejemplo. Se antoja evidente que las personas mojigatas procurarán alejarse o ignorar todo suceso o pensamiento que les parezca luctuoso.
3. Aljibe: Etimológicamente, una palabra de origen árabe; algo que sucede con una ingente variedad de vocablos que comienzan por el prejijo “al” . En este caso nos hallamos ante un sustantivo abarrotado de acepciones. Un aljibe puede ser, por ejemplo, un depósito destinado al transporte de un líquido. Es una palabra mayoritariamente, mas no exclusivamente, ligada a un líquido: el agua. Sin embargo, admite otros usos; así pues en arquitectura la bóveda de aljibe, es aquella en la que sus dos cañones semicilíndricos se cortan el uno al otro, como bien deben saber, (por su propio bien) los estudiantes de Historia del Arte :P.
4. Cachipolla: Una palabra que suele provocar cierto estupor, asombro, leve risita, y a algunas personas incluso efusivas carcajadas . Lo único que creo que no genera es indiferencia. Me arriesgaré a preguntaros directamente : ¿habéis tenido contacto alguna vez con una cachipolla? Si respondéis con una afirmación (y no sois maliciosos al contestar) es porque sabíais de sobra que la cachipolla es un insecto de color pardo y amarillo que posee dos o tres colas al final del abdomen, cuyas alas son poco funcionales.
5. Barahunda: Particulamente me encandila fonéticamente este vocablo cuya acepción es significativamente breve y concisa; barahúnda es definido en el diccionario muy escuétamente como “ruido y confusión grandes”. El ilustre y brillante literato F. de Quevedo utilizó la expresión en su obra “El Buscón” en un fragmento que dice así: “Fuímonos a una, donde él se acostumbraba apear, y hallamos a la puerta más de doce ciegos. Unos le conocieron por el olor y otros por la voz. Diéronle una barahúnda de bienvenido” […] .
6. Petimetre: Si os digo que un petimetre es lo mismo que un lechuguino o que un pisaverde, la mayoría seguiréis sin saber a qué me refiero y mantendréis una expresión de extrañeza en vuestro rostro. Quizá si os digo que otro sinónimo de petimetre sería figurín…. algunos ya se estarán encauzando hacia el concepto correcto. Sin embargo otros muchos aun no habréis atinado; no os preocupéis porque voy a resolver vuestro enigma. Un petimetre es, por definición, una persona que cuida demasiado de su aspecto y se preocupa demasiado por seguir la moda. Este galicismo tiene su origen en una expresión francesa “petit-maítre”, que literalmente sería “pequeño maestro”. A mí particularmente me desagradan los lechuguinos; sean hombres o sean mujeres. Hay que vestir como a uno le guste, sin guiarse por las modas.
7. Gayola: Actualmente el diccionario de la RAE nos indica que una gayola es, simple y llanamente, una “jaula”. Como vulgarismo, acepta el uso de gayola para referirse a la cárcel. No obstante, a nivel coloquial, todos hemos escuchado la expresión “hacerse una gayola”, expresión de marcado carácter obsceno con la que algunos se refieren a la masturbación masculina. Pero hay que dejar claro que este último sentido no está recogido (al menos de momento) por la RAE. Con lo cual, no sería legítimo decir una oración como: distrae sus momentos de aburrimiento en la gayola, haciéndose una gayola XDDD.
8. Zahurda: Otra manera de nombrar lo que mayoritariamente se conoce como pocilga. En muchas ocasiones, los que sois más desordenados habéis recibido frecuentes broncas por parte de vuestras respectivas madres, advirtiendo que “tenéis la habitación hecha una pocilga”. Desde ahora al menos, podéis emocionar a vuestras progenitoras, demostrándoles que os aplicáis en los estudios, y habéis aprendido lo que es una zahúrda. Después solo faltará que no dejéis la habitación tan desordenada, y la emoción de vuestras madres será finalmente desbordante.
9. Contumaz: Este es un vocablo mucho más común que los anteriormente expuestos. Un adjetivo solamente aplicable a personas; una cualidad a la cual se le atribuye una connotación negativa. Cuando se dice que alguien es contumaz, es que se trata de un ser “obstinado, tenaz en mantenerse en el error”.
10. Aquiescencia: Este latinismo viene derivado del verbo acquiescere que a su vez es un compuesto del prefijo “ad” y la palabra “quiescere” (reposar, descansar). Aquiescencia se emplea hoy como sinónimo de autorización, consentimiento. Porque hace referencia a consentir algo tranquilamente, descansado. Y eso es aquiescencia; dar un permiso con descanso (con alivio en este caso), o lo que es lo mismo, autorizar.
11. Bodrio: Bodrio es un sustantivo que se debe analizar a fondo, porque atesora algunas acepciones curiosas sobre las que hay un amplio desconocimiento. Así que con mucho gusto, voy a “sacar a la luz”, a revelar ese sentido más oculto del término. Todos hemos escuchado, leído y posiblemente utilizado este vocablo, sobre todo para referimos a una película o a un libro que nos desagrada en demasía.”Vi ayer esta película, no te la recomiendo; es un bodrio”. Ese es el sentido ordinario con el que interpretamos el concepto de bodrio. Esa es la interpretación más conocida de bodrio: “Cosa mal hecha o de mala calidad”. Sin embargo, tal y como os avisé previamente, hay otro concepto que se puede asociar a la palabra en cuestión. Se da la circunstancia de que en el siglo XVI existía el llamado “Brodio”: un caldo con sobras que se daba a los pobres en los conventos. A su vez, la palabra Brodio tenía un origen ancestral germánico, antes de que la “adoptaran” (y adaptaran) los romanos a su lengua hasta convertirse en bodrio. Por último, otra curiosidad de esta palabra es que también incluye la acepción: “Sangre de cerdo mezclada con cebolla para hacer morcillas”.
12. Malacia: He escogido este sustantivo por lo curiosa que resulta la patología que describe. Literalmente: “Afección del apetito que consiste en el deseo de comer materias extrañas e impropias para la nutrición, como yeso, carbón o tierra”. Al ver esta definición, automáticamente he pensado: ¿quién será tan sumamente botarate y majareta, como para elegir esos hábitos alimenticios? He aquí mi sorpresa cuando he leído que la malacia fue una práctica muy extendida en España en el siglo XVII, sobre todo entre la clase social alta o cortesana. Una vez más se pone de manifiesto que los adinerados son una especie a la que hay que “echar de comer aparte”.
13. Cenutrio. Esta palabra me trae una nostalgia muy emotiva. Tuve un profesor en mi infancia que me impartió primero E.F y después también dibujo artístico durante algunos años. Cuando se hartaba de soportar la algarabía del alumnado, nos chillaba con su enérgica voz. En más de una ocasión nos calificó con su grave y enérgica voz como “cenutrios”, algo que se me quedó grabado. Recuerdo que en aquel momento nos reíamos ante aquel enérgico y rotundo improperio. Cenutrio es una “persona poco hábil o de corta inteligencia”. Lerdo, zopenco, zoquete, mostrenco, entre otros, serían hermosos (y prácticos) sinónimos de cenutrio. Aparte de "burro" o "asno", pero ambos en realidad son un desprecio injusto hacia ese animal. Y es que por desgracia, el mero hecho de "mencionar un animal" con objeto de insultar, ya es claro indicativo de lo cotidianas que son las discriminaciones "especistas".
14. Gulusmear: Ya hemos visto varios sustantivos consecutivos por lo que me ha parecido el momento de cambiar y desentrañar el significado de un verbo. El elegido ha sido gulusmear, que viene a ser una combinación de otros dos verbos : “gula” y “husmear”. Aquel que gulusmea es el que andar oliendo o probando lo que se guisa. Tiene por tanto, un contexto eminentemente culinario. No obstante, se puede aplicar igualmente como sinónimo de curiosear, fuera del ámbito de la cocina. De modo que podríamos decir que las señoras a las que les gusta hacer de “radio-patio”, como las de la famosa serie “Aquí no hay quien viva”, gulusmean con gran pericia y no tienen el menor reparo en hacerlo.
15. Rielar: Continuamos con los verbos. Rielar tiene dos interpretaciones. Una sería vibrar o temblar. Y la otra brillar con luz trémula y reflejarse así en una superficie. Esta última es más utilizada, sobre todo en la poesía. Seguro que recordáis un bello fragmento de la “Canción del pirata” de Espronceda, que decía: “la luna en el mar riela, y en la lona gime el viento, y alza en blando movimiento, olas de plata y azul”.
16. Cuchipanda: Más de uno suele pegarse una buena cuchipanda y se quedan “más anchos que largos” (nunca mejor dicho). Una cuchipanda no es una siesta, si es eso lo que sospechábais. Una cuchipanda es sinónimo de ágape, banquete. O como se dice muy vulgarmente, “ponerse morado”.
17. Alharaca: Etimológicamente derivada del árabe hispánico alharáka, y este del árabe clásico harakah. En su sentido original significaba “movimiento”. En la actualidad, los hispanos utilizamos más el sustantivo en plural, alharacas, y ha adquirido un significado más específico. Las alharacas realizadas por alguien son una : “extraordinaria demostración o expresión con que por ligero motivo se manifiesta la vehemencia de algún afecto, como de ira, queja, admiración, alegría, etc”. Es un término, como veis, que designa un concepto exclusivo del ámbito del lenguaje corporal. Aunque en mi opinión, las alharacas se nos pueden antojar como artificiales, “teatrales”.
18. Milonga: En el sentido más recurrente y conocido del término, una milonga como casi todos sabemos, es una “mentira, embuste”. Es un vocablo que siempre me ha encandilado, debido a que posee a mi parecer, una fonética bastante agradable. Curiosamente, en Argentina, milonga es una palabra polisémica. Una de sus acepciones más coloquiales en ese país sería “riña, disputa”.
19. Chochero: Especialmente cautivadores son los regionalismos (palabras empleadas en una región determinada). Como este “chochero” que sin duda activará la picardía de los malpensados. Un chochero es en Andalucía el término para designar al vendedor o vendedora (chochera) de chochos, más conocidos como altramuces. No nos debe extrañar, digo yo, que cuando uno haga una visita turística por Andalucía, vaya catando los distintos chochos que se presenten a disposición del viajero. Sobre todo al encontrar una chochera sonriente, en lugar de un chochero.
20. Zullenco: Procede de zulla que a su vez viene derivada del latín suilla cuyo plural sería sullus (puercos). ¿Qué es un zullenco? Nos cuestionaríamos muchos al toparnos ante esta palabra por vez primera. Según el diccionario, un zullenco es alguien: “Que ventosea con frecuencia e involuntariamente o no puede contener la deposición”. El ingenioso y controvertido escritor, (admirado por unos y despreciado por otros), Camilo José Cela, recurrió al término “zullenco”. Transcribo a continuación un fragmento de su obra “La Cruz de San Andrés” : […]“Al comandante don Alfonso no le delataba el ruido sino el pestilente olor, debía estar medio podrido, don Alfonso era más bien zullenco que pedorro, en el bar Cartagena la Orensana, doscientas y la cama, solía decirle: – Don Alfonso, ¡a peerse a la puta calle y lo más lejos posible, que me está usted atufando la ginebra!”.
21. Deprecar: Otra palabra poco corriente en nuestro habla. No confundir con defecar, foneticamente parecida. Podemos decir que alguien depreca como sinónimo de suplicar, rogar. Así pues, espero que no me deprequéis que deje de plasmar palabras inusitadas ;).
22. Dilección: Esta voz es un continente cuyo contenido alberga un concepto bastante hermoso. Porque la dilección – sustantivo femenino – , es una escueta palabra que alude al amor honesto y respetuoso. De modo que si en alguna ocasión escuchais a algún chino hablando con un español y diciéndole: voy a seguir la dilección, es muy posible que esté pronunciando erróneamente la palabra “dirección”, pero tampoco debemos obviar la posibilidad, de que esa persona china, sea erudita, y haya querido manifestar abiertamente, que siente un amor honesto hacia alguien. ¡Quién sabe!.
23. Requilorio: Adorno o complemento excesivo e innecesario. Tiene además un sentido equivalente, pero no se si idéntico, al de la palabra “perífrasis”. Usado más frecuentemente en plural, si alguien nos pide que nos “dejemos de requilorios” significa pues que vayamos “directos al grano”, sin rodeos.
24. Conticinio: Puedo manifestar sin ningún reparo, que conticinio es uno de esos vocablos por los que siento simpatía y predilección. El conticinio (palabra de género masculino) es, en base a la definición de la RAE, la “hora de la noche en que todo está en silencio”. Es una palabra derivada como tantas otras de nuestra lengua madre, el latín. Continicio tiene su raíz en la palabra conticinium que significaba “sigilo”.
25. Báratro: Vocablo este, incómodo y despreciado por los más beatos. Báratro es una opción recurrente en la literatura, equivalente a averno o tártaro. Por si no nos apetece emplear la palabra más conocida: infierno. Creo que cada día somos más los que mantenemos una postura escéptica ante la idea de que, las malas personas, o sencillamente todos aquellos que no se arrepienten de los “malos actos” que hayan cometido, reciban el castigo de acabar en el báratro. A muchos se nos antoja que eso no es otra cosa que un “cuento de hadas”. Quiza porque la idea de que la maldad no reciba castigo y quienes la perpetran puedan quedar impunes, pueda resultar dificil de asumir y enfrentar. Reitero mi pensamiento; no creo en un cielo de personas “salvadas” y un “báratro” de personas condenadas. Mitología inventada sin mas, probablemente solo eso.
26. Potorro: He aquí, otro curioso regionalismo. En Álava, (País Vasco) se utiliza potorro, para referirse al salero. Aunque lo más corriente, en toda España, es que escuchemos el término potorro en referencia a los genitales femeninos; en este sentido considerado un vulgarismo desde el plano linguistico.
27. Ahíto: Adjetivo masculino, infrecuente, llamativo y encima, polisémico. Tiene por tanto, distintas acepciones. La más destacada es : “Indigestión o empacho”. No obstante, uno también está ahíto, cuando se siente “cansado de algo o alguien”. Pero lo que más me llama la atención, desde un principio, es que “ahíto” tiene más aspecto de nombre típico japonés, que otra cosa. Pero ya veis que en nuestro idioma español, tiene cabida el “ahíto”. Haced un esfuerzo para almacenar esta palabra en vuestro cerebro, de modo que algún día en vuestros hogares profiráis algo como: “madre, ya no me cabe más, estoy ahíto de comida, pero agradezco enormemente tu afán de alimentarme como a un rinoceronte”.
Por ahora esto ha sido todo. Si alguien quiere aportar más léxico, que deje aquí su meada, que comente sin pudor.
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