Repercusión de los elogios a los niños
Desde el año 2000, se han publicado diversos estudios y experimentos sobre el efecto negativo de los elogios y alabanzas en los niños.
Un experimento desafió a más de 400 niños a resolver una serie de rompecabezas relativamente fáciles. Cuando finalizaban las pruebas, eran elogiados por su inteligencia, mientras que otros por su esfuerzo.
En la segunda ronda (mucho más complicada) los alumnos podían elegir entre un nuevo desafío parecido o diferente al anterior. La mayoría de los niños elogiados como “inteligentes” eligieron un desafío similar. En cambio, la mayoría de los que fueron elogiados por su “esfuerzo” prefirieron hacer algo diferente. De ello se deduce que es más beneficioso elogiar el proceso de lo que hace el niño en vez de elogiar a la persona.
Los niños esperan la aprobación de sus padres, es así, están “programados” para ello. Por ejemplo, si a un niño de 3 años lo felicitamos y reforzamos por haberse atado correctamente los zapatos, es probable que al día siguiente repita la acción. Desafortunadamente, también será probable que decida no intentar abrocharse la camisa. El chiquillo desea que volvamos a felicitarle por los cordones, y como es una tarea que ya sabe hacer prefiere limitarse a ella, en vez de desilusionarnos por no conseguir abotonarse la ropa.
Si en vez de elogiarle – “qué listo eres”, “qué bueno” -, alabamos el proceso, el esfuerzo o la estrategia –“veo que te has esforzado mucho para atarte los zapatos”, “que buena manera de abrocharte has inventado”– reforzaremos la conducta sin desincentivar su capacidad para aprender y asumir nuevos retos.
– Influencia en adolescencia y vida adulta:
Creer ciegamente en las cualidades que nos han remarcado en la infancia provoca en el adulto un efecto inesperado: la total y absoluta desconfianza hacia otras habilidades que, en principio, consideramos no tener.
Inconscientemente, nos asustamos de no dar la talla y, para protegernos de esa conclusión precipitada, nuestro cerebro lanza una medida evasiva de emergencia: subestimar la importancia del esfuerzo y sobrevalorar la necesidad de ayuda (primero de los padres, después de los amigos y superiores). Cuando no podemos ser ayudados porque es nuestra responsabilidad, optamos por la única vía posible: la evitación. Reconocer y valorar el proceso, el esfuerzo o la estrategia del menor es la mejor manera de hacer que los niños se sientan orgullosos de sus propios logros. El objetivo es que ellos aprendan a reconocer sus propios triunfos y establezcan una relación directa entre el esfuerzo y la consecución de una meta.
– 10 alternativas al elogio a la persona:
Al principio resultará difícil pero lo recomendable es forzarnos a recordar que debemos ir midiendo las palabras y valorando que es el esfuerzo del proceso lo que hay que resaltar. Las interacciones serán más naturales.
No obstante a continuación vamos a ver 10 ejemplos para mostrar aprobación pero que a la vez no desincentivaran al menor:
1. Sonreír y asentir: cuando no sabemos qué decirle, es mejor esto que un elogio.
2. “¡Vaya!. ¿Qué has hecho?. Cuéntame”:
3. “Te has esforzado mucho para hacer esto, ¿verdad? ¿Estás orgulloso?”. En vez de centrarnos en el resultado (si es bonito o no) nos centramos en el esfuerzo y fomentamos la motivación interna del niño.
4. Se te ve muy contento, “¿estás feliz de haber conseguido hacer esto?”. Ya sea pintar un dibujo, atarse los cordones o recoger el cuarto, no ensalzamos lo bien que pinta o lo ordenado que es sino su sensación de logro tras esfuerzo, para fomentar su motivación propia.
5. “Veo que has”…: simplemente describimos lo que ha hecho, estamos reconociendo su trabajo pero de una manera neutral, sin caer en alabanzas.
6. “¡Lo has conseguido!”: la efusividad por su éxito estaría justificada cuando somos conscientes del gran esfuerzo que le ha supuesto.
7. “¡Fíjate! ¡Antes no podías hacer esto y ahora sí!”: de esta forma nos enfocamos en su capacidad para aprender y establecemos una relación entre la dedicación y el resultado, algo que le ayudará a no frustrarse cuando inicie nuevas actividades.
8. “Gracias. Me gusta que hayas hecho esto para mí”: cuando el niño ha hecho algo para regalárnoslo, por supuesto hay que agradecérselo.
9. “¡Esto no lo habías hecho nunca! ¿Cómo has aprendido?”: mostrando sorpresa hacia una acción autodidacta, fomentamos su proceso de aprendizaje.
10. “Me gusta lo que has hecho, ¿podrías enseñarme a hacerlo?”: le estamos enviando al niño el mensaje de que su trabajo nos gusta tanto que deseamos aprender de él, y que él tiene la capacidad necesaria para enseñarnos.
Recuerda ser concreto y reconocer los logros en el momento, ya que pasado un tiempo el niño no sabrá a que nos referimos.
Sea cual sea la situación, siempre debemos mostrar paz y armonía en nuestras interacciones, establecer contacto visual con nuestro hijo y sonreír, además de reforzar su esfuerzo con muestras de cariño como palmadas o abrazos.
(Fuente: https://lavozdelmuro.net)
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